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lunes, 23 de marzo de 2015

XXI Jornada Municipal sobre Drogas de Gijón

La XXI Jornada Municipal sobre Drogas del Ayuntamiento de Gijón llevará por título “La medicalización de la vida cotidiana y las drogas”, y tendrá lugar el próximo día 9 de abril en el salón de actos del Centro Municipal Integrado de Pumarín Gijón Sur.
En esta Jornada nos planteamos reflexionar sobre el empeño que una parte de la sociedad actual tiene para evitar los malestares y buscar la felicidad.
Desde determinados sectores se promociona que no debemos sufrir malestar alguno, que no debemos de aplazar las satisfacciones o soportar mínimamente una pérdida, debemos de ser felices y tener una belleza deslumbrante. La sociedad de consumo nos ofrece todo tipo de remedios, desde tomar alguna pastilla milagrosa, multitud de terapias psicológicas o de otro tipo, hasta el uso de la última tecnología médica.
En esta tendencia a psicologizar, psiquiatrizar y medicalizar la vida cotidiana el primer paso es crear el miedo o el problema y luego dar la solución, de todo ello se encarga la industria que obtiene beneficios de este sometimiento y luego nos ofrece el remedio para alcanzar una "felicidad drogada", una felicidad que llega con el consumo de un producto de alta tecnología médica o de una substancia.
Aunque no todas las sustancias, fármacos o drogas tienen el mismo estatus, mientras se promociona el abuso de unas, otras están prohibidas, prohibición que parece que va a cambiar, al menos para alguna. Queremos unir a la reflexión anterior otra sobre el camino que se está recorriendo hacia despenalización de algunas de las drogas tradicionalmente ilegales.

Ya está abierto el plazo de matrícula, que se cerrará el 7 de abril. Te puedes matricular a través del siguiente enlace web: https://docs.google.com/forms/d/14LORIDmRdFxZUVAqlkXivMTQ_5195LKj3qWRBVNW4Fo/viewform?usp=send_form

lunes, 30 de junio de 2014

Se duplica en España el consumo de hipnosedantes, que ya son la segunda droga más utilizada

Un informe de la Asociación Bienestar y Desarrollo advierte de que el endurecimiento de la ley en materia de drogas no ha hecho reducir el consumo.

Fuente original: JANO.es | 11/06/2014 11:28

 
La crisis ha duplicado el consumo de hipnosedantes -somníferos y sedantes-, a los que ya recurre el 11,4% de la población, lo que los convierte en la segunda droga más utilizada en España, después del cannabis, según revela el informe 'Derechos Humanos y políticas de drogas: nuevas propuestas de regulación', elaborado por la Asociación Bienestar y Desarrollo (ABD) para la Taula d'Entitats del Tercer Sector Social de Cataluña, que aglutina a cerca de 4.000 entidades sociales.

El documento, presentado este martes en el Ateneu Barcelonès, en el marco del ciclo de debates 'Catalunya Social', advierte de que el endurecimiento de la legislación sobre las drogas no ha hecho reducir el consumo, sino todo lo contrario, y detecta que las políticas de control de la oferta concentran más del 70% del gasto en este ámbito.

También destaca que el 80% de los reclusos está privado de libertad por delitos relacionados con las drogas, por lo que las entidades sociales han abogado por crear un modelo de atención centrado en las personas y basado en la mediación, con opción de reducir penas con alternativas a la cárcel.

El informe apuesta por una reasignación y priorización de los recursos públicos en este ámbito, que debería pasar por establecer nuevas prioridades políticas y avanzar en propuestas alternativas, como el impulso prioritario de los programas de reducción de daños.

Además, apuesta por "dejar en segundo plano" las políticas represivas para centrar los recursos que actualmente se dedican a ellas en prevención, investigación, cooperación internacional y asistencia.

miércoles, 22 de junio de 2011

El consumo de antidepresivos aumenta un 30,5% en los últimos cinco años



Expertos en medicina familiar y comunitaria achacan el incremento a la "medicalización del sufrimiento" y la escasez de habilidades psicoterapéuticas en atención primaria.

Fuente: JANO.es

El consumo de antidepresivos ha aumentado un 30,5% entre 2005 y 2010 y el uso de las benzodiacepinas, un 12,9%, según un estudio cuyos resultados se han presentado en la 31ª edición del Congreso de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC), que se celebra hasta el viernes, 10 de junio, en el Auditorio de Zaragoza.

La presidenta del comité organizador del XXXI Congreso de la semFYC, Marisa Samitier, ha explicado que a partir de 2007 se advierte un mayor incremento del uso de antidepresivos y benzodiacepinas. En su opinión, "se está medicalizando mucho el sufrimiento" y si bien hace unos años las personas "entendían que había que sufrir", ahora, "vivimos en una sociedad donde la tolerancia al sufrimiento es menor". "Todo se medicaliza, en vez de afrontar los problemas que nos depara la vida", añade la presidenta del comité organizador del XXXI Congreso de la semFYC.

Por lo que respecta al estudio, se llevó a cabo en la comunidad autónoma de Baleares con el objetivo de determinar la evolución del consumo de antidepresivos y benzodiacepinas, identificar qué principios activos son los más prescritos y conocer el coste global y por dosis diaria de estos fármacos.

Una de las autoras del trabajo, la doctora Caterina Vicens, médico de familia del Centro de Salud Son Serra-La Vileta en Palma de Mallorca, ha indicado que hay una tendencia al alza muy significativa en el uso de estos tratamientos, y concretamente de los antidepresivos "hasta el punto de que es probable que en un futuro muy próximo la prescripción de éstos supere la de benzodiacepinas".

El estudio no indaga en los factores que pueden estar detrás de este aumento. En este sentido, la doctora Vicens ha apuntado que " los pacientes acuden a la consulta del médico y ponen su malestar sobre la mesa". Ante esta circunstancia, el profesional tiene a su disposición una serie de medicamentos "que han demostrado eficacia y que pueden proporcionar alivio al paciente en un breve intervalo de tiempo", a lo que habría que sumar factores como la escasez de otros recursos por parte de los médicos, "desde el tiempo hasta las habilidades psicoterapéuticas de aplicación en atención primaria".

Vicens ha señalado que desde la aparición de los inhibidores selectivos de la receptación de serotonina (ISRS) a finales de los años 80, el aumento de estos fármacos ha sido "constante" y "la aparición de los nuevos antidepresivos con menos efectos adversos ha sido una causa de peso para que esto sucediera".

En cuanto a si está o no justificado su uso, esta experta admite que es difícil dar una respuesta. "Posiblemente", conjetura,"existe una pequeña proporción de personas que sufren depresión y que no demandan atención sanitaria, y otras que quizás acuden con demandas atípicas y pueden no ser diagnosticadas, pero la mayoría de los médicos de atención primaria saben cómo detectar los trastornos mentales".

Escitalopram, el más utilizado
El estudio señala que el antidepresivo cuyo consumo más ha aumentado ha sido el escitalopram, un 143%, hasta haberse convertido en el más prescrito. "Aunque se trata de una molécula con un buen perfil, no parecen existir razones que justifiquen una elección tan elevada por esta molécula sobre otras", apunta Vicens, que, asimismo, agrega que "las guías clínicas sitúan todas las terapias ISRS en el mismo nivel de eficacia". El coste por dosis diaria definida en el grupo de los antidepresivos ha sido de 0,63 euros por dosis diaria definida.

Por lo que se refiere a las benzodiacepinas, la especialista indica que su uso en las últimas décadas ha sido excesivo, no tanto en sus indicaciones como en su uso prolongado. Con todo, Vicens ha asegurado que percibe una mayor concienciación por parte de los profesionales de no prescribirlas a largo plazo. "Cuando su consumo ha sido prolongado, no siempre resulta fácil retirarlas debido a la dependencia que generan", explica.

viernes, 29 de abril de 2011

Más del 20% de la población española se automedica


Un estudio realizado por investigadores de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid comprueba que consumir fármacos sin precripción médica es una práctica más habitual entre las mujeres, sobre todo las solteras y con estudio universitarios.

Fuente: JANO.es

Un estudio de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid ha revelado que hasta uno de cada cinco españoles consume medicamentos sin que se lo recete su médico, y ha comprobado, además, que las mujeres tienden más a automedicarse que los hombres.

Así se desprende de los resultados de una investigación que publica enPharmacoepidemiology and Drug Safety, para la que se utilizaron datos de 2006 y 2007 de 20.738 personas procedentes del Sistema Nacional de Salud (SNS).

Los autores observaron que el 20,17% de los españoles consume medicamentos sin prescripción médica y, de ellos, las mujeres se automedican más que los varones, con una prevalencia del 16,93% frente al 14,46%.

“A pesar de las connotaciones negativas que suele tener el concepto de automedicación, en la actualidad constituye la forma más significativa del autocuidado en la población”, explica Pilar Carrasco, autora principal del estudio y titular del Departamento de Medicina Preventiva, Salud Pública, Inmunología y Microbiología de la Universidad Rey Juan Carlos (Madrid).

El factor que explica esta diferencia en función del género se refiere a la exposición al consumo de medicamentos, que es mayor en la mujer que en el varón. Esto se debe a que “ellas sufren trastornos afectivos con mayor frecuencia y son más vulnerables en nuestra sociedad”, señala la Dra. Carrasco. “Posiblemente esto se deba a una mayor predisposición entre las mujeres a reconocer y expresar su sintomatología”, añade.

A los encuestados, de al menos 16 años, se les preguntó si en las últimas dos semanas habían consumido, sin prescripción facultativa, algún fármaco perteneciente a una lista elaborada por los investigadores. Tanto hombres como mujeres consumieron, sin receta médica, analgésicos, antipiréticos y fármacos destinados a aliviar el resfriado común o el dolor de garganta.

Además, el estudio revela que la población de entre 16 y 44 años es la más proclive a automedicarse, con diferencias en función de género, nivel educativo, nacionalidad y hábitos de salud.

“El consumo de fármacos sin prescripción es más frecuente entre las mujeres jóvenes y sin dolencias crónicas. En ellas, esta práctica también se relaciona con el tabaquismo, el consumo de alcohol y el uso de terapias alternativas”, indica la citada especialista.

Además, según los autores, las mujeres solteras con estudios universitarios, los varones que cobran un salario superior a 1.200 euros al mes y los hombres inmigrantes tienen más probabilidades de consumir fármacos sin receta.

Para luchar contra esta práctica, la Organización Mundial de la Salud (OMS) propone crear espacios donde se informe a los ciudadanos del uso correcto de los fármacos, ya que el uso irracional “puede tener consecuencias graves en la salud individual y colectiva de la población. “Por lo tanto, y ante la duda, siempre se debe consultar a un profesional”, concluye la investigadora.

Pharmacoepidemiology and Drug Safety 2010;19:1293–1299

martes, 14 de septiembre de 2010

El mal uso de los fármacos pone en riesgo a los niños


Los padres tienen la falsa percepción de que los medicamentos sin receta son seguros y no saben calcular dosis.

Fuente: elmundo.es/elmundosalud



Muchos padres ponen en peligro la vida de sus hijos al administrarles fármacos disponibles sin receta para tratar la fiebre o los catarros, según un estudio presentado en la conferencia anual de la Federación Farmacéutica Internacional. Este mal uso se traduce muchas veces en el ingreso del menor en el hospital.

Hoy en día, sólo el 30% de los fármacos comercializados en Europa se pueden emplear de forma segura en niños, según el Grupo de Trabajo Europeo para el Desarrollo de Fármacos para la Infancia (TEDDY, por sus siglas en inglés). Esto es "consecuencia de los insuficientes esfuerzos realizados en materia de investigación biomédica", asegura la página web de este proyecto de colaboración internacional.

Cómo consecuencia de este vacío terapéutico, muchos padres emplean los fármacos que tienen a mano para tratar algunos problemas de salud de sus hijos, empujados, además, por la errónea percepción de que se trata de productos seguros.

"Nos sorprendió y preocupó darnos cuenta de que algunas personas pensaban que los medicamentos tienen que ser a la fuerza seguros si puedes comprarlos sin receta", ha destacado una de las autoras, Rebekah Moles, de la Universidad de Sidney (Australia). "Por ejemplo, un padre nos dijo que si Panadol [una forma comercial del paracetamol] está disponible sin receta, administrar una dosis doble no podía ser dañino y nos pregunto: ¿Qué sería lo peor que podría pasar?"

Para llevar a cabo este estudio, Moles y sus colegas analizaron durante cinco meses a 97 adultos pertenecientes a varios centros de día de Sidney: 53 madres, siete padres y 37 trabajadores de estas guarderías a las que acudían niños de cuatro y cinco años. Los autores pusieron a los participantes en distintas situaciones en las que los menores parecían tener problemas de salud y les preguntaron qué harían en cada caso.

Debían decir si dar o no fármacos, cuál dar, en qué momento, a qué dosis y cómo la calcularían. Los resultados fueron contundentes: teniendo en cuenta todos los experimentos, "el 44% de los participantes habría dado una dosis incorrecta y sólo el 64% fue capaz de obtener la dosis que pretendía dar", señala Moles. "Nos dimos cuenta de que el 15% de los adultos habría dado una medicina sin tomar la temperatura del niño y el 55% la habría dado con menos de 38º de fiebre".

Los autores señalan que en 2008 se registraron en Australia 119.000 llamadas por problemas de intoxicación con fármacos. De ellas, el 48% correspondía a sobredosis en niños y el 15% necesitó hospitalización. La mayor parte de los casos correspondían a menores de cinco años (85%), según informan los autores.

Todo esto indica que "existe una necesidad urgente de revisar el uso que hacen los padres de los fármacos sin receta en niños", concluye la autora.

miércoles, 28 de julio de 2010

Abuso de psicofármacos y sus consecuencias


Estos medicamentos, que son un buen remedio durante un tiempo determinado y para un problema concreto, deben tomarse siempre bajo prescripción médica.

Fuente: consumer.es - EROSKI
Autor: José Andrés Rodríguez

La adicción a los psicofármacos es un problema grave y cada vez más frecuente. Entre los años 2004 y 2009, el consumo de tranquilizantes había aumentado en un 40% en España. Hay diferentes tipos de psicofármacos, pero los tranquilizantes (como los sedantes, los hipnóticos y los ansiolíticos) generan más problemas de abuso que cualquier otro. Además, su excesivo consumo es un lastre para las arcas del sistema sanitario público. Sólo en tranquilizantes, el Gobierno desembolsa cada año cerca de 231 millones de euros.

Cada vez se atiende a más personas por problemas derivados del abuso de los psicofármacos, una cuestión que afecta más a mujeres que a hombres, porque ellas los consumen en mayor medida. La primera dificultad para solucionar esta adicción es que muchas personas son adictas, pero no son concientes. Además, estos medicamentos son legales, fáciles de conseguir y, sobre todo los tranquilizantes, baratos. Lejos queda del perfil del adicto a drogas ilegales, como la heroína, asociado a población marginal y con mala salud.

Para Blanca Brigos, psicóloga clínica del centro de desintoxicación Instituto Hipócrates, "el factor importante para hablar de una adicción no es el tiempo que dure la toma de psicofármacos, sino la necesidad de tomar más cantidad para conseguir los mismos efectos, la incapacidad de enfrentarse a situaciones de la vida sin tomarse una pastilla, el miedo a quedarse sin ellas...". Es una adicción que afecta a tres niveles: el fisiológico, porque el cuerpo pide más dosis; el cognitivo, pues el pensamiento de la persona está centrado en conseguir o consumir las pastillas; y el conductual, porque algunas personas realizan acciones que nunca harían si no tuvieran la adicción.

Los síntomas más fáciles de detectar por parte de amigos, familiares o compañeros de trabajo son "el aislamiento, los cambios de actitud o de humor, dejar de realizar actividades habituales, la pérdida o deterioro de las relaciones sociales o problemas en el trabajo", apunta Fidel Riba, director médico del Centro Terapéutico Marenostrum.

Combinación habitual


Es infrecuente que una persona sea adicta sólo a estos medicamentos. La combinación más habitual es la adicción al alcohol y los psicofármacos, seguida de alcohol, cocaína y psicofármacos. "Muchas personas llegan a la clínica convencidas de que su problema tiene que ver sólo con un tipo de droga (legal o ilegal) y debemos decirles que también tienen un problema con los tranquilizantes", comenta Brigos.

Los psicofármacos no tienen la mala fama del alcohol, la cocaína, el cannabis o la heroína. Por eso, numerosas personas con problemas de dependencia no son conscientes de ello. "Como se los ha recetado el médico, piensan que no pasa nada. Sin embargo, sólo si se consumen bien no habrá ningún problema", explica José María Vázquez-Roel, psiquiatra especialista en adicciones de la Clínica Capistrano.

No afrontar la ansiedad

Una explicación para el abuso de tranquilizantes es que muchas personas se acostumbran a evitar la ansiedad y las situaciones que la provocan. Prefieren el atajo de la pastilla antes que enfrentarse a los problemas con sus recursos personales y, así, no aprenden a gestionar su ansiedad. Los afectados pueden ser de edades y niveles sociales muy diferentes, pero comparten unos rasgos comunes: sufren miedo, acostumbran a padecer síntomas depresivos, evitan las situaciones que les causan ansiedad y han interiorizado que no pueden resolver sus problemas sin fármacos e, incluso, los toman antes de una situación que, tal vez, les pueda crear ansiedad.

Por otro lado, las personas adictas tienen una predisposición biológica a serlo. No todo el mundo que toma psicofármacos o que no sabe enfrentarse a la ansiedad desarrolla una adicción. Todas las drogas actúan en el sistema de recompensa cerebral. "Cuando un acto es placentero, el cerebro quiere que se repita. Pasa con el sexo, con la comida, con la diversión. Y las drogas en general actúan en este sistema", explica Riba. Los tranquilizantes causan el efecto placentero de reducir la ansiedad. Además, es una adicción que no avisa: poco a poco se aumenta la dosis y llega un día que ya no hay vuelta atrás.

Aparte de los factores biológicos y psicológicos, es necesario señalar otras causas que provocan el continuo aumento de su consumo en España. Vázquez-Roel pone el acento en la saturación del sistema sanitario público, que deja poco tiempo por paciente al profesional y lleva a que éste "saque rápidamente el recetario. Esto origina otro problema, que la factura farmacéutica sea muy elevada". Además, la psicoterapia privada exige un desembolso económico que no todo el mundo está dispuesto a asumir.

El tratamiento

Los expertos recomiendan que, siempre que se quiera reducir o interrumpir el consumo de psicofármacos, se haga bajo control médico. En España hay numerosas clínicas de desintoxicación donde se tratan diferentes adicciones. "Hay que ponerse en manos de un profesional", indica Riba. "Cuando ingresa alguien, primero se investiga qué consume y en qué cantidad, para calcular cuánto se puede bajar la dosis sin que haya síndrome de abstinencia, que en el caso de los tranquilizantes, es muy duro". Si una persona adicta deja de tomar los tranquilizantes de golpe, sufrirá un síndrome de abstinencia con náuseas, vómitos, mareos, ansiedad y taquicardia.

El ingreso en una clínica de desintoxicación dura entre ocho y diez semanas. La persona sale sin consumir nada y se realiza un seguimiento que puede prolongarse durante varios años. El tratamiento no se centra sólo en eliminar el consumo de psicofármacos, es necesario aprender a afrontar la ansiedad.

"En una segunda fase del tratamiento, cuando la persona está casi desintoxicada en un plano físico, hay que iniciar la fase de deshabituación", comenta Brigos. El individuo sufre menos temores y es el momento en que debe empezar a aprender que no necesita los fármacos. Por tanto, hay que tratar la ansiedad desde un punto de vista psicoterapéutico. Se trabaja el área cognitiva para que modifique pensamientos desadaptativos ("no puedo enfrentarme a una reunión en el trabajo si no tomo un tranquilizante"), la emocional con técnicas de relajación y la conductual, para que empiece a aceptar que debe enfrentarse a situaciones sin medicarse.

LA ANSIEDAD MUEVE EL MUNDO

A nadie le gusta sentir ansiedad, pero es necesaria. Es un mecanismo de alerta que avisa de algún peligro, sea real o imaginario. Sentir ansiedad es la forma que tiene el organismo de prepararse para resolver un problema. Es positivo porque permite estar capacitados para afrontar muchas de las situaciones que se dan en la vida: una entrevista de trabajo, un examen, una mala noticia, etc. No obstante, llega un punto en el que, para muchas personas, se vuelve intolerable. Ya no es adaptativa, sino que bloquea. Interfiere en la vida laboral y social y, además, causa malestar. Los síntomas de la ansiedad son muy variados: taquicardia, sudoración, palpitaciones, mareo, temblores y pensamientos obsesivos y negativos, entre otros.

Se calcula que un 20% de las personas sufrirá algún problema de ansiedad durante su vida y los tranquilizantes ayudan a combatirla. Pero no deben convertirse en una solución eterna. Son un buen remedio durante un tiempo determinado y para un problema concreto, siempre bajo prescripción médica. En el caso de que la ansiedad interfiera de manera continua en la vida de una persona, es recomendable iniciar un tratamiento psicoterapéutico. José María Vázquez-Roel recuerda una frase del filósofo Ludwig Wittgenstein: "La ansiedad es la palanca que mueve el mundo". En su opinión, obliga a resolver los problemas, "pero cuando se borran con psicofármacos, no se resuelven y uno no se adapta a las exigencias de la vida. Es necesario afrontar los problemas, aunque sea con ansiedad, para aprender a superarlos".

miércoles, 14 de abril de 2010

Los fármacos, tan letales como los coches


Opioides, sedantes y tranquilizantes son un problema acuciante en occidente que genera muchas muertes.

Fuente: elmundo.es/elmundosalud
Autor: Cristina de Martos



Opioides, sedantes y tranquilizantes son un problema acuciante en las sociedades occidentales. En Estados Unidos, los ingresos por intoxicaciones accidentales causadas por estos fármacos han aumentado un 37% entre 1999 y 2006 y, en algunos años, las muertes secundarias a estas sobredosis han superado a las causadas por los accidentes de tráfico. Una nueva epidemia que ha segado la vida de famosos y ciudadanos de a pie.

El informe final de la autopsia de Heath Ledger señala que el actor murió por una combinación de oxicodona, hidrocodona, diazepam, temazepam, alprazolam y doxilamina. La de Brittany Murphy indica que se hallaron restos de hidrocona, acetaminofeno y remedios herbales. Lo mismo sucedió con Michael Jackson, Eric Douglas, Anna Nicole Smith, Jimmy Hendrix o Judy Garland.

Ellos son sólo la cara visible de un problema que "ha alcanzado proporciones epidémicas", subraya Jeffrey H. Coben, de la Universidad de West Virgina. Coben, junto con otros colegas, ha elaborado un informe sobre los ingresos hospitalarios provocados por las intoxicaciones con fármacos en Estados Unidos. Utilizando los datos del Registro Nacional de Pacientes entre 1999 y 2006, los autores indagaron acerca de estos incidentes, ya fueran intencionados o accidentales.

El panorama que dibujan sus conclusiones, publicadas en la revista "American Journal of Preventive Medicine", sugiere que ciertos medicamentos cuyo consumo precisa receta se han convertido en una de las principales causas de ingreso y muerte, sobre todo a ciertas edades.

En los siete años investigados, las admisiones hospitalarias provocadas por el abuso de opioides, sedantes y tranquilizantes aumentaron un 65%. Las causadas por intoxicaciones accidentales crecieron un 37% y las intencionadas un 130%. De media, los ingresos aumentaron un 11% en ese periodo.

Por familias de fármacos, las benzodiazepinas son los medicamentos que más protagonismo han ganado con los años, con un incremento del 39% en los ingresos provocados por su consumo excesivo. Estos populares fármacos de efectos sedantes, hipnóticos y ansiolíticos son además las sustancias concomitantes más frecuentemente halladas en las sobredosis por opioides. Junto a ellos, se sitúan las intoxicaciones por metadona, que se han disparado un 400%.

El paciente intoxicado suele tener entre 35 y 54 años. De hecho, en 2005 estas sobredosis superaron a los accidentes de coche como principal causa de muerte en este grupo de edad. Por sexos, los hombres son más propensos a los envenenamientos accidentales mientras que las mujeres lo hacen más de forma consciente.

"Es esencial que sanitarios, farmacéuticos, aseguradoras, agencias federales y estatales, y público en general trabajen juntos para tratar esta crisis. Los fármacos de prescripción son tan poderosos y peligrosos como las famosas drogas de la calle, y necesitamos asegurarnos de que la gente está al tanto de estos peligros y de que existen servicios terapéuticos para aquellos con problemas de abuso", ha señalado Coben.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

¿Pruebas de dopaje en los exámenes?


Se extiende el uso de "drogas inteligentes" para elevar el rendimiento académico en EEUU. Un artículo compara esta práctica con el doping deportivo.

Fuente: elmundo.es/elmundosalud
Autor: Patricia Matey

* El 25% de los universitarios de EEUU usa "drogas inteligentes" para elevar su rendimiento
* Son fármacos recomendados para trastornos como la hiperactividad
* Su seguridad a largo plazo en personas sanas se desconoce

¿Necesita terminar un trabajo de 5.000 palabras sobre literatura rusa? Tómese un par de psicoestimulantes como metilfenidato o modafinil. ¿Tiene que memorizar el ciclo celular? Puede probar también con otros fármacos nootrópicos ("drogas inteligentes") como piracetam o donacepil. Y para los más tradicionales, siempre quedarán los "clásicos": cafeína o anfetaminas.

Así de irónico se muestra Vicen Cakic, de la Universidad de Sydney, en un artículo de opinión publicado en el último "Journal of Medical Ethics" en el que pone sobre la mesa la posibilidad de que en un futuro próximo los estudiantes se sometan a pruebas de orina para detectar la presencia de fármacos que estimulan el intelecto. El motivo puede residir en que no es justo que ellos adquieran ventajas académicas respecto a los compañeros que "juegan limpio".

"Uno de los argumentos en contra del uso de fármacos [nandrolona, testosterona, eritropoyetina, anfetaminas, hormona del crecimiento, entre otros] en el deporte y que ha desencadenado los chequeos rutinarios de los atletas es que confieren superioridad respecto a los rivales... Que un estudiante use noótropicos es también saltarse las reglas", aclara el investigador australiano.

Su reflexión no es nueva y el debate ético sobre si personas sanas deben consumir fármacos potencialmente peligrosos, que forman parte del tratamiento de patologías como el síndrome de déficit de atención e hiperactividad o la esquizofrenia, no ha hecho más que empezar. En parte "porque los nootrópicos actuales tiene un efecto más modesto en las habilidades cognitivas que los compuestos que se están desarrollando actualmente y que en un futuro próximo podrían estar en las farmacias", documenta el psicólogo Cakic.

Sin olvidar, además, que la literatura científica ha demostrado que el número de niños y adolescentes estadounidenses que consume psicofármacos ha aumentado en más del doble en una década al otro lado del Atlántico. En los campus, las cifras revelan que más de un 25% de los universitarios también los emplea.

"En todos los escenarios competitivos, muchos de los participantes buscan fórmulas que les permitan ganar. No sucede en el deporte únicamente. El desarrollo de psicofármacos más potentes y su venta puede provocar que el uso de los mismos se expanda entre la población juvenil".

Pese a todo, este experto considera que "la solución" a este problema no es fácil. "La prohibición de los psicofármacos no es factible, pese a que su uso no médico indiscriminado esté en expansión y ponga en evidencia aspectos como su legalidad o su seguridad. Tal vez, la esperanza que nos queda sea comprender mejor cuáles son los posibles riesgos que entraña su empleo en estudiantes para tener este factor en consideración a la hora de que ellos mismos decidan si deben consumirlos o no", determina Vicen Cakic.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Analgésicos, adictivos a los tres días


Algunas medicinas para aliviar el dolor que se venden sin receta médica pueden causar adicción en sólo tres días, advierte un nuevo informe.
Fuente: http://www.bbc.co.uk/


La Agencia Regulatoria de Medicinas y Cuidados de Salud del Reino Unido (MHRA), que asesora al gobierno británico, publicó nuevas regulaciones para los fármacos que contienen codeína y dehidrocodeína.
El objetivo, dice, es minimizar el riesgo de uso excesivo y adicción.
Los paquetes de estas medicinas deberán ahora llevar advertencias más firmes sobre el riesgo de dependencia.
En el Reino Unido se venden aproximadamente 27 millones de paquetes de analgésicos que contienen codeína cada año.
Según la MHRA las cifras muestran que unas 30.000 personas en este país se han vuelto adictas a estas medicinas, aunque este número, dice, podría ser sólo "la punta del iceberg".
La codeína es un opioide que se usa para aliviar el dolor moderado o severo en trastornos como migraña, dolor dental, menstrual o de espalda.
Y a menudo se vende combinado con otros analgésicos más seguros como el paracetamol (acetaminofeno) o ibuprofeno.
La MHRA afirma que ahora estos fármacos se venderán con advertencias más prominentes sobre su riesgo de adicción tanto en el empaquetado como en el folleto interior.
Y se debe advertir a los consumidores que no tomen el fármaco por más de tres días seguidos.
Los paquetes también incluirán la advertencia de que el fármaco sólo debe usarse cuando no se logra aliviar el dolor con otros analgésicos como el acetaminofeno o ibuprofeno.
También se retirarán del empaquetado las sugerencias de usar las medicinas para aliviar catarro, gripe, tos y garganta irritada, así como referencias a trastornos con dolor leve.
Los paquetes grandes de codeína efervescente ahora sólo podrán ser vendidos con receta médica.
Información claraSegún la doctora June Raine, directora de Vigilancia y Control de Riesgo de la MHRA, afirma que tomados en la forma correcta y para el propósito correcto, los fármacos de codeína y dehidrocodeína, son muy efectivos y acetablemente seguros.
Los fármacos llevarán ahora advertencias prominentes sobre su riesgo de adicción. "Sin embargo -agrega- estos productos pueden ser adictivos y por eso estamos tomando medidas para evitar este riesgo".
La funcionaria agrega que es importante asegurar que las personas tengan información clara sobre cómo deben usarse los fármacos y cómo se puede minimizar el riesgo de adicción.
"Quien esté preocupado sobre estos fármacos deben hablar con el farmacéutico o un médico".
Por su parte, la Asociación de Medicamentos de Marca Registrada de Gran Bretaña (PAGB) que representa a los fabricantes de fármacos de venta sin receta, expresó su apoyo a las nuevas medidas.
"Las compañías de la Asociación ya tomaron medidas de forma voluntaria para restringir el tamaño de los paquetes a 32 tabletas" afirma Sheila Kelly, directora ejecutiva de PAGB.
"Y desde 2005 se han agregado las advertencias a los paquetes".
"Las nuevas etiquetas con advertencias más prominentes sobre el riesgo de adicción, que serán colocadas al frente del paquete, y para limitar las indicaciones a dolor moderado que no responda al paracetamol, ibuprofeno o aspirina, serán introducidas lo más pronto posible", señala la funcionaria.
Y agrega que "la vasta mayoría de personas utiliza de forma correcta los fármacos que contienen codeína y por lo tanto no deben preocuparse por la posibilidad de estar causando daños a su salud".

miércoles, 22 de octubre de 2008

La "célebre" adicción a las recetas


Nueve millones de personas utilizan fármacos con fines no médicos. En España prefieren las benzodiacepinas mientras que en EEUU optan por los opioides.
Fuente: elmundo.es

Autor: CRISTINA DE MARTOS


Vidas como montañas rusas, vidas arruinadas, vidas con un final abrupto y vidas estigmatizadas por el pasado. Ése es el resultado del deporte preferido por muchos famosos al otro lado del charco: el abuso de todo tipo de sustancias, incluidas las que requieren prescripción médica.
Políticos, actores, actrices, médicos, cantantes, deportistas, modelos... Ninguna profesión que sea objetivo constante de las cámaras está libre de riesgo. Los casos de adicción de personajes populares salpican las páginas de los diarios de Estados Unidos. A veces son noticias tristes, como la de la prematura muerte del actor Heath Ledger, y otras esperanzadoras, como el relato de Cindy McCain, la esposa del candidato republicano a la presidencia, enganchada durante años a la Vicodina y el Percocet, dos analgésicos opioides.
En 1989, a raíz de una operación de la columna para reparar dos vértebras rotas, la señora McCain empezó un tratamiento con narcóticos para evitar el dolor y con el tiempo desarrolló una dependencia a estos fármacos, un inicio común a muchos adictos. Durante unos tres años continuó tomando estos medicamentos, a pesar de no necesitarlos, hasta que sus padres decidieron tomar cartas en el asunto ante los continuos cambios de humor y de conducta de Cindy.
Además de éstos, otros síntomas típicos de la adicción a medicamentos son el aumento de prescripciones, que se logran poniendo cada vez más excusas (nuevos dolores...) o a través de un camello; letargia, falta de atención, ansiedad, disminución de la frecuencia respiratoria y cardiaca o cualquier intensificación de los efectos colaterales del fármaco del que se abusa. También es característica una actitud defensiva, que puede tornarse agresiva, ante cualquier insinuación de que existe un problema.


La epidemia silenciosa

Según los últimos datos proporcionados por los Servicios de Abuso de Sustancias y Salud Mental de EEUU, en los años recientes ha aumentado considerablemente el mal uso de las "drogas legales". Unos nueve millones de personas las utilizan con fines no médicos.
El proceso fisiológico, que desemboca en los casos más extremos en la adicción, es el mismo que ocurre con la heroína, ruina del cantante Kurt Cobain, y varía con la potencia del fármaco y de cómo se emplee. Lo primero que aparece es la dependencia, el consumo de una sustancia para evitar los efectos de su carencia. En el caso de las personas que se inician en la ingesta de narcóticos por prescripción médica, la necesidad de evitar el dolor es lo que incita a su toma.
Después, con relativa rapidez, aparece la tolerancia, que se caracteriza por la disminución de la intensidad y duración de la analgesia. "El consumidor necesita entonces aumentar la dosis para alcanzar el efecto deseado", explica a elmundo.es el psiquiatra Jose Martínez Raga. Un aspecto especialmente relevante en el caso de los opioides, debido a sus efectos colaterales -además de analgesia, producen sedación, náuseas y estreñimiento-. La interrupción del consumo hace que aflore la abstinencia, cuyos síntomas desaparecen con una ingesta mínima del fármaco.
La adicción se refiere a la búsqueda y el consumo compulsivo de una sustancia, a pesar de los problemas físicos, mentales y sociales que ésta conlleva. Esta "ultima fase" suele ir acompañada de cierta sensibilización del organismo a la droga, o el aumento de algunos de sus efectos; es decir, emborracharse cada vez con menos cantidad de alcohol.


Mujeres al borde de un ataque de nervios

"Dije que era un adicto, no que tuviera un problema. Pago mis facturas, me hago la comida. Funciono". Ésta es la justificación del más célebre adicto a la Vicodina, el televisivo doctor Gregory House. El problema de la adicción a los opioides es tal en el país trasatlántico que ha trascendido la realidad. El caso de House es el de miles de estadounidenses. Según los Institutos Nacionales de Salud de EEUU, seis millones de ciudadanos consumen analgésicos por razones no médicas y la sobredosis de fármacos se ha convertido en la segunda causa de mortalidad en el país.
El problema de los opioides es menos común en nuestro país que en los anglosajones, "ya que allí son el tratamiento de primera elección contra el dolor mientras que nosotros recetamos primero un antiinflamatorio", apunta Martínez Raga. Pero "en España nos vamos a encontrar con un problema similar en unos años porque se están empezando a comercializar y recetar como primera opción", añade este especialista. Unas de las primeras víctimas de esta adicción son las pacientes con fibromialgia, que son especialmente vulnerables a ella.
Los españoles siguen prefiriendo las benzodiacepinas. Estos fármacos se recetan para tratar el insomnio, la ansiedad o las epilepsias y su uso, según las recomendaciones de la Agencia Europea del Medicamento, no debe sobrepasar las seis semanas.
Sin embargo, "el consumidor medio en España los usa durante unos 10 años", señala Martínez Raga. Las mujeres de mediana edad representan el grupo más nutrido de sus usuarios seguidas por los poliadictos, "que suelen utilizarlos para contrarrestar los efectos de las sustancias psicoactivas (cocaína, etc.) a las que son adictos". Las cifras, al igual que las registradas en EEUU, "son escandalosas", asevera este psiquiatra. Se estima que un millón de españoles presenta un problema de consumo crónico de ansiolíticos y que entre un 10-20% los toma de forma esporádica.

viernes, 11 de julio de 2008

Gran parte de los medicamentos adquiridos en internet son falsos


Además, según un informe, el 95,6% de las farmacias virtuales opera de forma ilegal y el 86% de los sellos de aprobación de estas farmacias son falsos.


El 62% de los medicamentos adquiridos a través de Internet son falsos o no cumplen con los estándares de calidad, según el informe "The Counterfeiting Superhighway", realizado por la Alianza Europea para el Acceso a Medicamentos Seguros (EAASM) y presentado en el marco de la II Conferencia anual antifalsificaciones farmacéuticas.
Además, el 95,6% de las farmacias virtuales investigadas operan de forma ilegal; el 94% de las páginas web no cuentan con un farmacéutico comprobable e identificado; más del 90% vende sin receta medicamentos que requieren prescripción médica; y el 86% de los sellos de aprobación de las farmacias virtuales son falsos, según el informe que presenta un exhaustivo análisis de las farmacias virtuales y las medicinas que se adquieren a través de la red.
Asimismo, sólo el 38% de los medicamentos adquiridos en la red resultaron ser auténticos, si bien el 16% provenían de importaciones ilegales de Estados Unidos y el 33% no disponía del prospecto informativo para el paciente, "lo cual es ilegal, además de potencialmente peligroso para la salud de los consumidores", señala la EAASM.
Entre los medicamentos a la venta se encuentran los indicados para el tratamiento de enfermedades graves, enfermedades respiratorias y cardiovasculares, trastornos neurológicos y problemas de salud mental. "Los consumidores corren el riesgo de tomar fármacos que pueden dañar su salud y, en casos extremos, resultar mortales", explicó al respecto el presidente de la EAASM, Jim Thomson.
"Los resultados del informe son sorprendentes y la historia que explican exige que se actúe", advirtió, al tiempo que solicitó a los motores de búsqueda de páginas web (Google, Yahoo y MSN), las compañías de tarjetas de crédito, las compañías de envío de paquetería, los grupos de pacientes y los reguladores que "actúen y detengan esta peligrosa tendencia".
En el mismo sentido, el Dr. Ian Banks, presidente del Foro Europeo de la Salud Masculina, afirmó que se trata de "delincuentes sin escrúpulos" que al comercializar con medicamentos en la red "ponen en riesgo la salud y el bienestar de sus clientes".
Por otra parte, entre otras conclusiones, se observa que las farmacias virtuales ilegales han aumentado a gran velocidad, "lo cual significa que aumenta también el riesgo de que los pacientes accedan a medicamentos falsos".
Informe (en inglés): The Counterfeiting Superhighway (PDF)

martes, 13 de mayo de 2008

Lo último en drogas: doparse en la farmacia




Alarma por el aumento del uso recreativo de psicofármacos - Recetas falsas, urgencias fingidas o Internet proveen las sustancias




Nadie discute sobre la necesidad, la eficacia y los beneficios de los psicofármacos. Medicamentos como los analgésicos opioides, los ansiolíticos o los estimulantes son seguros cuando se toman con unos objetivos terapéuticos concretos, bajo control médico y en las dosis adecuadas. Sin embargo, lo que buscan en ellos algunas personas no es curar una enfermedad, sino directamente drogarse. Algunos, cual farmacia ambulante, los incorporan a su kit nocturno, junto a sustancias ilegales. Otros, lejos de los círculos convencionales que se asocian con el consumo de drogas, empiezan a tomarlos de forma inocente y los acaban necesitando como una muleta cotidiana. ¿Es éste otro de los síntomas de que la sociedad ha perdido el respeto al medicamento?




La Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes de Naciones Unidas (JIFE) alertó el año pasado de que el uso indebido y el tráfico de medicamentos de venta con receta había aumentado en todo el mundo. En Estados Unidos, el consumo lúdico de fármacos de prescripción sobrepasa ya al resto de drogas, excepto al cannabis. Los expertos coinciden en que es preocupante, pero pocos países conocen su situación real. Incluso la JIFE aconseja crear mecanismos para reunir datos que documenten esta realidad.



Ponerle cifras es, por tanto, difícil. Se venden en el mercado negro, en Internet y en las farmacias. Aunque sólo sea la punta del iceberg, en España el Observatorio de Medicamentos de Abuso (OMA) del Colegio de Farmacéuticos de Barcelona acaba de concluir un estudio de dos años gracias a las notificaciones de los farmacéuticos de la provincia de Barcelona. Según los resultados, se está abusando de forma lúdica de un total de 27 sustancias. Un 22% de los abusadores consumen analgésicos, la mayoría con opiáceos (codeína); un 12% de ansiolíticos o tranquilizantes (benzodiacepinas); un 10% de estimulantes y el resto una amplia gama de sustancias, incluido el misoprostol, que sólo se receta para tratar la úlcera, aunque se utiliza para abortar.



Lidia se conoce todas las farmacias del área metropolitana de Barcelona. Tiene 52 años y toma ansiolíticos desde los 16. Empezó por prescripción médica, tras suspender un curso de bachillerato, pero cuando el doctor le dijo que ya no era necesario que los tomase, que tenía que ir dejándolos gradualmente, fingió y continuó haciéndolo. "Empecé con una pastilla al día, y he llegado a tomar hasta 30". Al cumplir los 20 años, se sumó el alcohol. "No buscaba la euforia, sino el bajón, potenciar el efecto tranquilizante". Por aquel entonces, Lidia empezó a trabajar como relaciones públicas. Sus jornadas eran largas, su entorno laboral exigente y muy falso. "Me ayudaba a aguantar la mentira, no la soporto".
Sin recetas ya no podía conseguir su dosis diaria. Así puso en marcha el ingenio. "Durante muchos años he tenido dos cartillas de la Seguridad Social, una la conseguí en el mercado negro", explica. "Me iba a urgencias, al psiquiatra, al médico de cabecera, y a otros doctores cuando estaba de viaje. Luego, me pasaba tardes enteras yendo a farmacias en ciudades de los alrededores de Barcelona, lejos de casa para que no me pillaran", explica. "Acumulaba recetas, pero descubrí que si no las tenía también podía comprárselas a los camellos en una plaza cerca de casa", añade.



El caso de Lidia no es excepcional, reconoce Rafael Borrás, director del OMA. Para detectar al cliente abusador, el farmacéutico debe tener los ojos bien abiertos, incluso cuando hay una receta por medio. "Muchas veces es gente que pide el tamaño grande, que traen más recetas de las normales aunque estén en regla. Además, si hablas con ellos te acabas dando cuenta de que conocen muy bien el fármaco y, sobre todo, sus efectos secundarios, que al fin y al cabo es lo que buscan experimentar".



Para conseguir el medicamento en la botica, en un 19% de los casos se utilizan recetas falsas. Imitan las de las consultas privadas, o las roban y el profesional les descubre porque están mal cumplimentadas. Otro 30% acude sin receta, "inventan mil historias para justificar que la han perdido o practican el chantaje emocional para convencer al farmacéutico", explica Borrás. En el resto de casos, el farmacéutico ha acabado detectando las intenciones del usuario por su comportamiento, aunque llevaba prescripción.



Entre las personas que los toman, hay perfiles de todo tipo, explica Borrás. El 63% son hombres. En cuanto a las edades, el 45% tiene entre 25 y 35 años. El 28%, entre 36 y 46. Los menores de 24 años sólo son un 15%. Los patrones de uso también son variados. "Desde personas que los mezclan con otras drogas, a usos más inocentes, como quienes abusan de los tranquilizantes o se enganchan a jarabes que contienen analgésicos opioides", explica. Estos últimos son los mismos que toma el popular protagonista de House. Los empezó a tomar para el dolor y ahora es adicto.



Los medicamentos siempre han formado parte de la cultura de la droga, afirma Carlos Campos, terapeuta y educador en un centro residencial terapéutico, Vives CRT. Las personas adictas a la heroína, por ejemplo, siempre han echado mano a los analgésicos opioides.



Campos acaba reconociendo que hoy día se utilizan más. "No es que entonces se fuese más tonto, es que ahora hay más información. En los foros de Internet o con el boca a boca, la gente comparte información sobre los efectos de drogas ilegales y de medicamentos de prescripción", explica.



Los hábitos han cambiado. Hace unos años, los consumidores de drogas eran fieles a una sustancia concreta. Sólo coqueteaban con otras, o acudían a ellas cuando no tenían acceso a la que estaban habituados. Hoy día ya no existe el consumidor puro, y ahí también entran los medicamentos de prescripción.



Según la última encuesta domiciliaria sobre alcohol y drogas de 2006 del Plan Nacional de Drogas, un 10,6% de los cocainómanos también toma tranquilizantes, además de otras sustancias como alcohol, tabaco o anfetaminas.
Rafael Borrás cree necesario investigar en otros frentes. "Hemos detectado más de 150 páginas web en las que es posible comprar fármacos que precisan receta sin pedirla. Hay demasiada información que se está pasando por Internet, donde, además, el 40% de los medicamentos que se ofrecen son falsos".



Carlos Campos corrobora que los más utilizados por las personas que acuden a los centros de desintoxicación son los ansiolíticos. "Se están mezclando con la cocaína, para bajar el efecto de la droga y poder ir a dormir. También con el alcohol, para potenciar su efecto", explica. En el caso de otros medicamentos, directamente se buscan nuevas sensaciones. Estados alterados de consciencia, como la disociación entre cuerpo y mente. En definitiva, un "nuevo viaje".
Nuria tiene 19 años y sigue un programa de desintoxicación. A pesar de ser tan joven, lo ha probado casi todo. En su caso ha sido un anestésico de uso veterinario, la ketamina, que se consume sobre todo en raves [fiestas nocturnas que se prolongan cuando sale el sol], el que la ha llevado al extremo. Algunas personas intentan comprarlo en farmacias, aunque lo tienen pocas. "Me daba respeto tomarlo, pero un día me lancé. Ves que tus colegas lo toman, que no les pasa nada y te lanzas". Explica cómo actúa este psicodélico: "Es como si el cuerpo y la mente se separasen".
El primer viaje la llevó a desmayarse, pero pese a ello volvió a probarlo. A veces se lo compraba a algún camello, otras se lo pasaba algún colega, e incluso llegó a cocinar el medicamento en casa porque con el calor se separa la sustancia activa. Los amigos le explicaron cómo hacerlo. ¿Se creen expertos farmacéuticos? "Eso no lo piensas, eres joven y el resto lo hace, crees que nada pasará". Hasta que ocurre. "Puede llegar a provocar convulsiones, parálisis, náuseas, paradas cardiorrespiratorias e incluso la muerte si lo combinas con alcohol u otras sustancias", dice Borrás.



Fuera de los círculos que tradicionalmente se asocian al consumo de drogas, también hay personas que se enganchan a los medicamentos. Es el caso de los ansiolíticos. "No se puede perder de vista que la ansiedad es una de las enfermedades más comunes en nuestra sociedad", afirma Cecilio Álamo, catedrático de Farmacología de la Universidad de Alcalá de Henares. Son personas a quienes "el médico se lo ha recetado en alguna ocasión, les ha dicho que lo dejen de tomar pero continúan porque les resulta más fácil tirar adelante tomando una pastilla. Su objetivo es alcanzar un punto de bienestar normal, no drogarse", explica.
El problema es que muchos acaban enganchándose, y que no siempre llegan a la red asistencial. Ancianos, hombres y muchas mujeres. Con frecuencia ocurre en un periodo de su vida en que se ven obligados a enfrentarse a algún tipo de pérdida. No hay datos y el terreno se vuelve pantanoso cuando a los expertos se les plantea por qué ocurre. ¿La falta de tiempo de los médicos de asistencia primaria para una dolencia de largo recorrido? ¿Una sociedad que ha perdido su fortaleza para afrontar los problemas de la vida? Muchas veces existe algún otro problema de fondo, y lo adecuado sería tratarlo. No hay que perder de vista que cuando un enfermo debe abandonar los tranquilizantes por indicación médica, siempre debe hacerlo gradualmente. Por tanto, quienes continúan tomándolos sin prescripción pueden acabar desarrollando adicción. "La maquinaria de la neurona se acostumbra a trabajar con esa pieza", apunta Álamo.



Según datos del Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas de Estados Unidos (NIDA), 6,3 millones de americanos manifestaron haber utilizado medicamentos de prescripción para usos no terapéuticos en el año 2003. El número de estadounidenses que abusan de fármacos de venta con receta sujetos a fiscalización se duplicó prácticamente entre 1992 y 2003. Buena parte de ellos son menores de 24 años y los toman con el fin de experimentar nuevas sensaciones o mejores rendimientos en la escuela.



En España, los expertos creen que la situación no ha llegado a estos extremos, pero que hay que estar alerta. "En Estados Unidos el problema afecta sobre todo a adolescentes. Sin embargo, aquí estamos viendo que sobre todo es gente adulta, entre los 24 y los 35 años. Creemos que pueden ser consumidores muy informados que ya vienen utilizando otras drogas, pero que llega un punto en que no se fían de lo que compran en la calle porque han tenido un mal viaje y no se fían de la que les vende el camello, que puede estar muy cortada [mezclada] con cualquier otra cosa".
En estos casos, para ellos el medicamento es algo que conocen, lo perciben como una sustancia pura, segura. Piensan: "En la farmacia no me van a engañar", explica Rafael Guayta, miembro del comité científico del OMA. El fármaco se ve como algo más limpio, con garantías. Sin embargo, olvidan que la química, igual que muchas otras cosas, puede ser perjudicial o beneficiosa según el uso que se haga de ella.