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jueves, 17 de abril de 2014

Las consecuencias de ligar las drogas al sexo

Las drogas generan un mayor rechazo a los estímulos sexuales y también ansiedad.

Beatriz G. Portalatín | Fuente original: elmundo.es |


Las canciones, la cultura y la propia sociedad nos han llevado a pensar que la relación entre drogas y sexo (y rock and roll) era una combinación perfecta. Sin embargo, la bibliografía científica nos dice otra cosa bien distinta: las drogas producen un efecto fatídico en las relaciones sexuales. Por tanto, esta mezcla es simplemente, imposible. O posible pero con resultados devastadores.

"Se piensa que normalmente, las personas que consumen drogas tienen una mayor disposición a responder de forma positiva ante estímulos sexuales, y en diversas investigaciones se ha descubierto que no es así, que las personas consumidoras son más erotofóbicas (rechazo al sexo) que las personas que no consumen", asegura a EL MUNDO Francisco Javier del Río, psicólogo y metodólogo del Instituto Andaluz de Sexología y Psicología. Esta y otras conclusiones son extraídas por este especialista tras una investigación -realizada en este centro- que analiza la relación entre el consumo de drogas y sexualidad. En él han participado 1.054 personas que han acudido a centros de drogodependientes para dejar su consumo tras un largo historial de adicción y 211 personas sin esta problemática, repartidos en 27 provincias españolas.

La sexualidad, sostiene del Río, es algo integral del ser humano, por ello, hay diversos elementos que influyen negativamente en la respuesta sexual de los drogodependientes. Además de tener un mayor rechazo a los estímulos sexuales, también la ansiedad juega un papel importante. La ansiedad, explica el experto, es muy elevada tanto en personas consumidoras como en aquellas que se encuentran en un proceso de recuperación: "Se conocen perfectamente los efectos negativos que tiene la ansiedad en la respuesta sexual, de hecho, uno de los primeros objetivos que se plantean en terapia sexual es bajar los niveles de ansiedad que traen las personas a consulta". Y por otro lado, la relación de pareja es otra de las víctimas, pues la relación suele encontrarse bastante deteriorada: hay falta de comunicación, desconfianza, en ocasiones incluso violencia, falta de intimidad, etc.

Efectos persistentes en el tiempo


Hace más de un año, otro estudio, publicado en la revista científica 'The Journal Sexual of Medicine', reflejaba que las drogas empeoran el funcionamiento sexual de los varones y sus efectos persisten incluso después de años de abstinencia. Algo que rebatía otras investigaciones que mantenían que, a las tres semanas de abandonar el consumo, el funcionamiento sexual volvía espontáneamente a su nivel normal.

Según afirma a este medio, Pablo Vallejo Medina, profesor de la Universidad Konrad Lorenz de Bogotá (Colombia) y autor, junto con otros colaboradores del citado estudio, uno de los problemas es que un porcentaje de las recaídas se produce por intentar solucionar los problemas sexuales mediante el consumo de drogas. Por lo que si se está en abstinencia, se corre el riesgo de volver a consumir para mejorar en el plano sexual. De hecho, "según nuestros datos un 69% de los consumidores han tomado drogas para aumentar el disfrute o mejorar en sus relaciones sexuales. Por tanto, también podría tener un papel importante en las recaídas", informa Vallejo.

¿Qué drogas son peores?


Las drogas afectan a distintas fases de la respuesta sexual, deseo, excitación y orgasmo, y provocarán diferentes disfunciones sexuales dependiendo tanto de la sustancia que se ingiera como de su hábito de consumo (Vea el gráfico ). Sin duda, la sustancia más perjudicial para el sexo es la heroína porque es la que provoca una mayor dependencia física, por ser la que precisamente estimula una mayor necesidad de consumo diario.

La sexualidad, advierte del Río, no debe entenderse únicamente como unos genitales que funcionan de determinada manera en función del tipo y cantidad de sustancia que una persona tenga en su organismo, "es mucho más que eso. Hay sensualidad, erotismo, y, por supuesto, la interacción con la pareja, comunicación, intimidad, cercanía...". Por eso, una sustancia como la heroína, no sólo influye en la mera respuesta fisiológica, sino que "también provoca en la persona que la consume que descuide las relaciones personales y la de pareja, ya que la persona está fundamentalmente interesada en buscar, conseguir y consumir heroína".

Del mismo modo, avisa el especialista, el alcohol es otra sustancia de similares características y es también de las más perjudiciales para el sexo. En relación al cannabis, su uso esporádico no suele tener efectos significativos en la sexualidad, aunque muchas mujeres se quejan de sequedad vaginal. Sin embargo, su consumo a largo plazo puede afectar a la secreción de hormonas, sobre todo la testosterona. En este sentido, aclara que "no hay que olvidar el importante papel que juega en el deseo la testosterona biodisponible en sangre. Si el consumo reduce la secreción de hormonas, puede disminuir también el deseo de estas personas". Por otro lado, y en cuanto a la marihuana, se tiene en el imaginario colectivo, la idea de que esta sustancia aumenta la capacidad de fantasía sexual, pero "esto es más un efecto psicológico propio de las expectativas que tiene la persona que la toma que un efecto fisiológico real".

Con todo esto, está claro que un largo historial de consumo supone consecuencias a nivel físico y psicológico y sexual, pero también un consumo puntual de una cantidad importante, sin un largo historial de adicción, puede generar una respuesta sexual poco placentera. En este caso, "probablemente, no se provoquen daños fisiológicos permanentes, pero sí que puede adquirirse un hábito inadecuado, en el sentido de acostumbrarse a mantener una relación sexual disfuncional, con lo que eso puede suponer para futuros encuentros sexuales", subraya.

Pese a todas estas consecuencias, las personas tardan mucho en solicitar ayuda, aproximadamente, hasta dos o tres años. Por ello, ambos expertos, insisten en que la terapia sexual es clave en este tipo de problemática, ya que hay un alto grado de éxito en los resultados. Eso sí, lamenta del Río, "desafortunadamente, en la inmensa mayoría de los centros de tratamiento de drogodependencias no se trabaja esta área como se debería, ya que se centran específicamente en trabajar la adicción". De este modo, concluye por su parte Vallejo, las investigaciones, "dan una herramienta extra a los especialistas para conseguir el éxito terapéutico".

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Relaciones sexuales de riesgo por culpa del alcohol

Un incremento de 0,1 mg/ml de alcohol en sangre aumenta un 5% las posibilidades de tener relaciones sexuales sin condón.

Fuente: elmundo.es/elmundosalud
Autor: Isabel F. Lantigua

Ya es oficial. La investigación científica acaba de demostrar que el consumo de alcohol, por sí solo y sin tener en cuenta otros factores de riesgo, aumenta las posibilidades de tener sexo sin protección y, por lo tanto, también incrementa la incidencia de enfermedades de transmisión sexual.


Muchos trabajos habían apuntado que la desinhibición que provoca el alcohol hace que la persona que lo consume adopte comportamientos más arriesgados, en los que no incurriría si está sobria. Pero hasta ahora no se había demostrado que estas bebidas fueran una causa directa e independiente de los encuentros sin condón. Una revisión de 12 estudios, publicada en "Addiction", corrobora esta relación de causalidad y señala que un incremento de 0,1mg/ml de alcohol en sangre aumenta un 5% las posibilidades de tener sexo de riesgo.

Los autores, de distintas instituciones de salud de Canadá y EEUU, se centraron en analizar la intención de utilizar preservativo -no el hecho mismo de usarlo- en jóvenes que fueron asignados a dos grupos. Uno de ellos bebía alcohol y el otro no. Así comprobaron que el alcohol afecta enseguida a la toma de decisiones y cuanto más bebe uno, más riesgo de tener relaciones desprotegidas.

El efecto observado no tuvo que ver con la personalidad del individuo, si es más compulsivo o se siente atraído por el peligro, por lo que los investigadores concluyen que el alcohol por sí solo es responsable de muchos encuentros sexuales sin condón.

"Este hallazgo debería tenerse en cuenta en los programas de prevención del VIH y otras enfermedades de transmisión sexual", comenta el doctor Jürgen Rehm, del Centro de Adicciones y Salud Mental de Toronto y coordinador del análisis.

"Nuestros resultados explican en parte por qué las nuevas infecciones por VIH se mantienen más o menos estables en los países desarrollados, a pesar de la información que tienen los ciudadanos. El alcohol, que afecta al juicio, puede estar detrás del problema, ya que la transmisión sexual del virus se ha convertido en la vía más frecuente", añade.

viernes, 17 de abril de 2009

Estudio español: Los jóvenes se "ayudan" del alcohol y la cocaína para tener sexo los fines de semana


Prefieren el alcohol para "ligar" y la cocaína para prolongar el acto sexual. El consumo se realiza en el contexto de los locales nocturnos. Las campañas deberían valorar esta sexualidad promovida en ambientes recreativos.
Fuente: elmundo.es/elmundosalud Autor: Patricia Matey


"Cuando busco sexo voy a un sitio de niñas pastilleras porque hay sexo fácil. Son las típicas niñitas que les invitas a una raya y lo consigues". "En las discotecas es fácil porque la gente va muy borracha y drogada siempre es más receptiva y menos quisquillosa". Estos son algunos testimonios recogidos en un trabajo español que revela que los adolescentes y jóvenes consumen drogas en contextos recreativos para tener mejores relaciones sexuales.
No es el primer estudio que pone en evidencia este vínculo. En la revista "BMC Public Health" se puede leer un trabajo realizado en nueve ciudades europeas (incluida Palma de Mallorca) que constataba que adolescentes y jóvenes ingieren alcohol, cocaína, éxtasis o cannabis para aumentar la excitación sexual, prolongar la relación o elevar las sensaciones.
El ensayo español cuyo primer firmante es Amador Calafat, de la institución Socidrogalcohol, aunque también han participado en él científicos de la Universidad de Santiago de Compostela y de la de Alicante, se ha llevado a cabo con entrevistas a 100 jóvenes de cuatro ciudades distintas de edades comprendidas entre los 15 y los 20 años.
Locales nocturnos
"Entre los adolescentes el consumo de alcohol y otras drogas está frecuentemente vinculado al contexto recreativo nocturno, al igual que la búsqueda y experimentación en sexualidad... Aquí se explora cómo experimentan la relación, y el rol que ocupan estas sustancias en la experimentación de las relaciones íntimas", reza el estudio publicado en "Adicciones".
Para llevar a cabo el trabajo se escogió a los entrevistados mediante el "sistema de bola de nieve, que en el campo de los estudios sobre consumo de drogas resulta muy útil... Consiste en identificar a unos informantes iniciales que, a su vez, nos ponen en contacto con otros miembros de la población", destacan los investigadores.
Uno de los datos que llama la atención es que "hay preferencias hacia algunas sustancias... y que algunas son valoradas como "buenas" o "malas" en función de si logran el objetivo de mejorar en alguna dimensión las relaciones sexuales", documentan los autores.
De hecho, el alcohol "es como mucho la más popular y la que tiene ventajas en las prácticas sexuales (involucrarse en experiencias arriesgadas, aumentar la excitación y prolongar la relación sexual), excepto en alargar el encuentro íntimo, para lo que se prefiere la cocaína. El cannabis no gusta porque relaja y no hay interés en el éxtasis por sus efectos sobre la sexualidad", aclaran.
Ellas, en mayor medida que ellos, hacen más uso de las bebidas etílicas para gestionar su sexualidad, tal y como refleja uno de los testimonio recogidos en el artículo: "Yo creo que la mejor es el alcohol. Mejora las relaciones sexuales porque te da más facilidad para soltarte".
Sin embargo, se muestran críticas si son ellos los que lo ingieren dado que reconocen frecuentemente "alejarse de los hombres excesivamente embriagados y difícilmente los ven como posibles parejas sexuales", se comenta en el trabajo. Todo lo contrario que sucede con los varones. "El que una chica esté embriagada es visto muchas veces como una ventaja de cara a conseguir tener relaciones sexuales con ella... una estrategia que también funciona entre adolescentes", aclaran los científicos.
Encuentros garantizados
Los datos especifican también que, aunque la mayoría de los participantes reconoce ligar con frecuencia, no todos entienden lo mismo por este verbo. Los varones, sobre todo, creen que es tener una relación sexual, mientras que para otras personas es el inicio del flirteo.
Además creen que la mejor forma de "garantizar" un encuentro es acudiendo directamente a ciertos locales en los que se sabe que lo normal es que sus asistentes estén bajo la influencia de alcohol o de drogas.
A tenor de los hallazgos de estos trabajos los autores defienden que las campañas preventivas "deberían tener en cuenta cómo este tipo de sexualidad promovida desde los ambientes recreativos, rápida ("Fast sex") y estrictamente ligada a su función de dar placer puede promover el uso de sustancias", concluye el trabajo.
También porque desde el punto de vista de salud pública estas relaciones suelen ir asociadas a prácticas de riesgo que se traducen en embarazos no deseados y enfermedades de transmisión sexual.

lunes, 12 de enero de 2009

Alcohol, éxtasis líquido y sedantes, las drogas más comunes para manipular la voluntad


Mujer en la treintena que acude a un acto lúdico aparentemente seguro y acaba despertando aturdida, resacosa y con signos evidentes de haber sido agredida sexualmente. Este es el perfil de las vÍctimas de la denominada sumisión química, un acto delictivo que parece estar aumentando en España.
Fuente: elmundo.es Autor: ALEJANDRA RODRÍGUEZ



Muchas personas, especialmente mujeres, que estén leyendo estas páginas recordarán cómo sus padres les leían la cartilla antes de salir de marcha por las noches. Entre la retahíla de consejos había uno que sonaba especialmente a guasa: «ten cuidado de que nadie te eche nada raro en el vaso». En ese momento, la chica sermoneada solía mirar a sus progenitores como si éstos hubieran perdido el juicio y salía por la puerta pensando en que esas ideas descabelladas no le aguarían la fiesta.
Sin embargo, los hechos apuntan a que las madres, como casi siempre, tenían razón. Los datos sugieren que la administración de sustancias psicoactivas, drogas y medicamentos se ha empleado siempre para cometer delitos de diversa índole, especialmente sexual. No obstante, la proliferación de las llamadas drogas de club y las facilidades para adquirirlas por internet ha hecho saltar las alarmas de los profesionales sanitarios, que cada semana reciben un goteo de personas susceptibles de haber sido víctimas de la denominada sumisión química. Estos expertos aconsejan extremar las medidas de precaución en los lugares de ocio y acudir inmediatamente al médico en caso de sospechar que se ha podido sufrir un abuso de este tipo.
«Hasta hace relativamente poco, alguien que acudía al servicio de urgencias con una resaca horrible, que decía no acordarse de nada o de muy poco de la noche anterior, pero que tenía la sensación de que le habían agredido o de que había mantenido relaciones sexuales sin su consentimiento, provocaba una reacción de incredulidad. Sin embargo, estamos observando que normalmente no se trata de una invención. Sin ir más lejos, esta semana hemos atendido dos casos: un varón al que robaron y una chica a la que violaron; ambos habían sido drogados sin que se dieran cuenta».
Este es el relato de Guillermo Burillo, médico de urgencias, subdirector médico del Área de Urgencias del Hospital Universitario de Canarias y experto en toxicología de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (SEMES), quien reconoce que la sumisión química —administración de sustancias psicoactivas con fines delictivos o criminales— no es una leyenda urbana y que «aunque no hay datos ni estadísticas oficiales al respecto, existe la sensación generalizada, entre los profesionales sanitarios, de que el fenómeno va en aumento».
Para calibrar el alcance de lo que por el momento es sólo una impresión, algunos especialistas ya se han puesto manos a la obra. Concretamente, el primer número de este mes de la revista Medicina Clínica recoge un estudio en el que se refiere que, si bien el fenómeno de manipular la voluntad de las personas mediante determinadas sustancias no es nuevo, en los últimos años ha cobrado mayor protagonismo por su asociación con agresiones sexuales fundamentalmente.
POCOS DATOS

A pesar de la ausencia de datos en España, existen estadísticas en otros países que obligan a las autoridades patrias a permanecer vigilantes. Así, una trabajo realizado en Canadá entre 1999 y 2003 cifró en un 15,4% el porcentaje de casos de abusos sexuales en los que estaba implicada la sumisión química.
Por su parte, un seguimiento llevado a cabo en Estados Unidos ha registrado 1.179 casos en los últimos dos años. Finalmente, nuestros vecinos galos y británicos están elaborando sendos protocolos de actuación debido, precisamente, a que el problema está cobrando una magnitud realmente significativa.
«Creemos que la sumisión química tiene ahora más relevancia porque las víctimas están mejor informadas y, aunque tarde, reclaman ayuda en mayor medida; también es cierto que los profesionales sanitarios cuentan con mejor formación en este tema y han dejado de catalogar como agresión común un abuso de estas características; finalmente, es muy factible que el número total de casos se haya multiplicado, aunque todavía no sepamos evaluar por cuánto exactamente», explicó a SALUD Angelines Cruz-Landeira, del Servicio de Toxicología Forense de la Facultad de Medicina de la Universidad de Santiago de Compostela (La Coruña) y primera firmante del trabajo publicado en la revista española.
«Afortunadamente, todavía no se trata de algo habitual, pero eso no quiere decir que no haya que estar alerta porque, sobre todo desde hace dos años, hemos tenido conocimiento de varios casos en este sentido», avisa Sagrario, coordinadora de la Asociación de Asistencia a Víctimas de Agresiones Sexuales y Malos Tratos (ADAVAS) León.
¿Y quiénes son las personas que deberían tener especial cuidado? Pues según el perfil que se ha podido extraer de los casos recogidos, la víctima suele ser una mujer joven —no necesariamente adolescente; sino más bien en torno a la treintena— que acude a un lugar de ocio que, aparentemente, no encierra ningún peligro (una fiesta, una discoteca, un pub, una reunión lúdica...) y acaba despertando en un lugar desconocido con signos evidentes de haber sido agredida sexualmente. No se trata de lesiones físicas porque no opone resistencia, pero sí indicios de haber mantenido relaciones no consentidas.
El agresor suele ser un varón conocido en mayor o menor medida por la víctima, que administra una sustancia de acción rápida, de corta duración, fácil de obtener y que causa síntomas inespecíficos que pueden confundirse con los de una intoxicación etílica (desinhibición, euforia, mareo, náuseas, sedación, falta de reflejos...).
Normalmente, el agresor mezcla esta sustancia, que por su falta de olor y sabor se camufla perfectamente, con una bebida y se ofrece voluntario para acompañar a la víctima a un lugar más despejado o de regreso a su casa.
«También hay que tener en cuenta los casos en los que la víctima ingiere la droga voluntariamente; engañada, porque le dicen que si la toma mantendrá unas relaciones sexuales mucho más satisfactorias. Eso no es cierto, la ingesta de estas sustancias no se hace para estar mejor en la cama; sino para llegar a ella», resume Eusebio Mejía, director técnico de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD).
En cualquiera de los casos, el resultado de esta sumisión química es el mantenimiento de unas prácticas sexuales de riesgo que pueden desencadenar todo un rosario de problemas sanitarios, como enfermedades de transmisión sexual, embarazos no deseados, contracepción de urgencia y trauma psicológico.
«Las chicas que atendemos se suelen sentir impotentes e indefensas porque, en realidad, no saben a quién denunciar; ni siquiera están seguras de que haber mantenido relaciones íntimas en esas condiciones sea susceptible de ser catalogado como un delito», afirma Burillo.
No obstante, este experto anima a cualquier persona que sospeche que ha podido ser víctima de un abuso de este tipo a que acuda a los servicios médicos cuanto antes (urgencias, atención primaria, ginecología o planificación familiar).
«Muchas veces las sustancias empleadas son bastante difíciles de rastrear, pero al menos podemos determinar qué ha ocurrido y así actuar con respecto a gestaciones no deseadas o patologías de transmisión sexual, si las hubiera», apostilla el toxicólogo de la SEMES.
En este sentido, la doctora Cruz-Landeira y su equipo están ampliando el estudio que acaban de publicar gracias a un proyecto autonómico que, a su vez, tendrá repercusión nacional en función de los resultados que se logren.
Las líneas de actuación de los protocolos que, según los especialistas, habría que promover se basan en dar a conocer los casos mediante un registro puntual de los mismos.
Por otra parte, sería necesario formar al personal sanitario para que sea más sensible a este tema, aprenda a reconocer los signos de sospecha, haga una anamnesis (historia clínica) completa a pesar de las dificultades del momento (amnesia, angustia de la víctima...) y recoja las muestras (sangre, orina y, si es necesario, cabello) en las mejores condiciones posibles.
«Si la persona está desorientada, presenta lagunas de memoria y ha tardado incluso varios días en pedir ayuda, no se trata de una agresión sexual, digámoslo así, convencional», afirma la especialista.
Ésta reconoce que los servicios de urgencias se enfrentan a un verdadero reto a la hora de rastrear las sustancias, no sólo porque el abanico es amplio y porque normalmente se presentan varias a la vez. Además, algunas son casi indetectables con los equipos de laboratorio habituales porque las dosis no tienen por qué ser elevadas. «Identificar todos los casos es difícil, pero la colaboración entre profesionales clínicos y toxicólogos allanaría mucho el camino», dice la doctora Cruz-Landeira.
Señales de alerta

Antes. Se comienza a sentir una borrachera desprorcionada en relación a la cantidad de alcohol que se ha ingerido; sensación de malestar que progresa rápidamente.

Durante. Suelen aparecer náuseas, desorientación, aturdimiento y desinhibición, así como pesadez, hormigueo o entumecimiento de brazos y piernas. Dificultades para moverse. Visión de túnel. Pérdida de consciencia y desmayo.

Después. Resaca exagerada. Dolor de cabeza y de estómago. No se recuerda nada de lo que ocurrió entre la segunda o tercera copa y el momento de despertar. Se intuye una agresión porque falta dinero, tarjetas de crédito, la ropa está desabrochada o descolocada y se despierta en un lugar desconocido.
Sustancias relativamente fáciles de conseguir

Cuando se habla de sumisión química se tiende a pensar en complicadas pócimas. Sin embargo, la realidad es más simple. El alcohol ocupa, con gran diferencia, el primer lugar de sustancias empleadas para estos fines. Desinhibe, causa euforia, favorece la impulsividad... así que es el protagonista del 75% de los casos severos de este tipo bien en solitario, bien en compañía de otras drogas (cannabis, éxtasis, ketamina, marihuana o cocaína, sobre todo).
El éxtasis líquido (GHB) sigue muy de cerca al alcohol. Se suele mezclar con él y estar presente cuando la víctima refiere no haber bebido apenas. También llamado droga de la violación, tiene un efecto corto y rápido. Desaparece rápidamente del organismo, lo que dificulta su detección.
Las benzodiacepinas, los sedantes más prescritos del mundo también copan un puesto destacado. El flunitrazepam (Rohypnol) se prohibió en Estados Unidos por la gran cantidad de casos en los que estaba implicado. Son más fáciles de rastrear y algunos fabricantes han cambiado sus características (forma, color, sabor...) para que no pasen inadvertidos si se mezclan con alcohol.
Consejos para no convertirse en una víctima

En grupo. Procura salir y permanecer acompañada la mayor parte del tiempo. Pide que vayan contigo de vuelta a casa, al coche o al medio de transporte en el que vayas a regresar. Vigila tu vaso. Sostén tu bebida en las manos o, al menos, mantenla controlada visualmente todo el tiempo. Si tienes que ausentarte por un momento (ir al servicio, salir a llamar por teléfono...) pide a alguien de confianza que lo haga por ti o llévate la consumición.
Pide tú misma. Procura solicitar las bebidas al camarero en lugar de que alguien, especialmente si no le conoces demasiado bien, te las traiga. Mira cuando te sirven.
Ofrece tu ayuda. Si ves que alguna persona presenta síntomas de estar muy borracha o drogada no la dejes sola. Busca ayuda y acompáñale hasta que acudan a socorrerle.
Controla. No bebas demasiado, ni muy deprisa. Una o dos copas cada hora permiten mantener cierto nivel de alerta.
Juegos. Procura no beber de bidones, garrafas o cubos en los que no se sabe exactamente qué hay. Es conveniente no participar en juegos o competiciones con gente desconocida en los que se bebe como premio o castigo, especialmente si lo que hay que ingerir está preparado con antelación o si sale de un grifo o a granel.
Ante la duda... Si observas que lo que estás tomando tiene una apariencia extraña, sabe raro o tiene un olor diferente al habitual no continúes. Déjalo y espera un rato antes de pedir otra cosa.
Si ligas... Si surge un escarceo procura avisar a tu grupo de amigos de que te vas y diles con quién. Preséntaselo. Pide que te llamen transcurrido un tiempo o trata de saber cómo localizarlos si es necesario.
No, gracias. No aceptes consumiciones de desconocidos, sobre todo si se acercan con la bebida lista para tomar.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Crece el uso erótico de las drogas entre los jóvenes europeos


Una cuarta parte de quienes toman cocaína buscan prolongar el sexo.
Fuente: elpais.es


Cocaína para un sexo más intenso y duradero, éxtasis, el favorito de los chicos, para aguantar más; cannabis, para relaciones con mayor sensualidad; alcohol, como comodín, para todo, pero especialmente para lograr la desinhibición que permite ligar. Un estudio realizado en varios países y publicado en BMC Health pone de manifiesto la tendencia entre los jóvenes europeos a recurrir a las drogas con fines relacionados con la sexualidad.
La investigación parte de una muestra de 1.341 jóvenes de entre 16 y 35 años que frecuentan los garitos de moda en Liverpool, Palma de Mallorca, Viena, Atenas, Venecia, Lisboa, Berlín, Brno en la República Checa y Ljubljana en Eslovenia. Según este estudio, un 28,6% de los jóvenes usa el alcohol exclusivamente para encontrar pareja, y un 26,2% toma cocaína para prolongar el sexo. En la muestra se han seleccionado a jóvenes que frecuentan los lugares de marcha y no pretende ser representativa de este segmento de edad, pero señala una tendencia en ciertos ambientes en los que el consumo de drogas está culturalmente más aceptado y donde menos conciencia del riesgo existe.
"No es coincidencia entre que mientras que hay jóvenes que beben y luego lamentan las relaciones sexuales que han mantenido bebidos existe también un uso consciente de sustancias como el alcohol con la finalidad de encontrar pareja. Y es significativo que uno de cada cinco consumidores de cocaína lo hace exclusivamente para explorar sensaciones sexuales", afirma Mark Bellis, investigador del centro de Salud Pública de la Universidad John Moores de Liverpool.
"Lo más sorprendente es la idea de estos jóvenes de que las drogas están ahí para servirse, para ellos tienen un sentido utilitario", explica el psiquiatra Amador Calafat, de la asociación europea Irefrea, que dirige el estudio. "A la mayoría le parece normal utilizar drogas para el sexo, lo hagan mucho o poco, y tan sólo un porcentaje ínfimo se plantea el porqué", añade.
El estudio se centra en tres aspectos: las implicaciones de las drogas en la iniciación al sexo, su uso para lograr determinados efectos sexuales y las consecuencias que ello tiene para la salud pública, particularmente la práctica de sexo no seguro. El estudio muestra, por ejemplo, una fuerte relación entre consumo habitual de drogas y precocidad en el inicio sexual, algo que afecta especialmente a las chicas: aquellas que toman drogas de forma habitual antes de los 16 años tienen seis veces más posibilidades de haberse iniciado antes en la práctica del sexo. En el caso de los chicos es tres veces más probable. El estudio también muestra una relación entre ciertos tipos de drogas y una mayor promiscuidad: los consumidores regulares de cocaína tienen cinco veces más posibilidades de haber tenido más de cinco parejas en el último año. Y los que abusan del alcohol son más propensos a haber tenido más de cinco parejas en el último año y haber practicado sexo sin protección. El intercambio de sexo por droga es una práctica asociada al consumo regular de cocaína y éxtasis; de uno de cada siete consumidores de éxtasis ha realizado esta práctica en el último año.
Las consecuencias del estudio son claras: una política de prevención del consumo entre los jóvenes ha de tener en cuenta el componente sexual. "No podemos tratar de solucionar el problema del alcohol, de la droga y de las relaciones sexuales no seguras de manera aislada, porque para mucha gente joven las tres cuestiones forman parte de una noche de marcha", afirma el profesor Bellis. En su opinión, hay que cambiar la percepción de las drogas: "Igual que fumar era considerado sexy hace unos años y esa imagen ha cambiado mostrando cómo una persona que fuma no es sexy por cuestiones como el olor, deberíamos insistir en que, lejos de lo que creen muchos jóvenes, los efectos que las drogas tienen en el rendimiento sexual son muchas veces muy negativos".

lunes, 11 de agosto de 2008

El consumo de drogas y alcohol de los jóvenes europeos fomenta una sexualidad "sin precauciones", según estudio


Los hábitos de consumo de drogas y alcohol "a altos niveles" de los jóvenes en Europa fomentan el aumento de prácticas sexuales no seguras y "sin precauciones", según los resultados de una encuesta realizada por la Red europea para la investigación y prevención de problemas de los jóvenes (IREFREA).


En ella participaron más de 1.300 jóvenes de entre 16 y 35 años de nueve países europeos, incluido España, que reconocían que el consumo de alcohol y determinadas drogas les lleva a "alterar sus decisiones" y mantener relaciones sexuales "de las cuales luego se arrepienten".
A pesar de ello, el 28,6 por ciento de los entrevistados admitió que beben alcohol porque "facilita entrar en contacto con una posible pareja sexual", mientras que uno de cada cuatro jóvenes consumidores de cocaína la utilizan "para prolongar la relación sexual", explicó una de las autoras del estudio, Montse Juan, en declaraciones al Servicio de Información y Noticias Científicas (SINC) recogidas por Europa Press.


Los científicos hallaron una asociación entre el consumo de drogas y la sexualidad a una edad temprana, de modo que el consumo de alcohol, cannabis, cocaína o éxtasis antes de cumplir los 16 años se relaciona con haber tenido relaciones sexuales antes de esa edad.
Además, el consumo de drogas actual de los participantes se asocia con tener múltiples parejas sexuales, de modo que los consumidores habituales de cocaína tienen cinco veces más probabilidad de tener cinco o más parejas sexuales en los últimos doce meseso de "pagar para tener sexo", apuntó esta experta.


Ante estos datos, los autores de la investigación concluyen que hay que proponer programas y estrategias preventivas, además de seguir investigando sobre "el consumo de drogas vinculado en lo social, psicológico y físico a la sexualidad desde la propia experiencia vital de los jóvenes".